<Datos de la relatoría plasmada en su diario de viaje y plano colonial de la ciudad>.
Juan Cabrera Aceves.
Bonifacio Castellano Lara, nació en Ajofrín , provincia de Toledo, el 20 de mayo de 1719; religioso capuchino, misionero, historiador, biógrafo y escritor. En su haber se cuenta más de una docena de obras, todas de gran valía. Se hizo llamar Fray Francisco de Ajofrín , y realizó un viaje a Nueva España en 1763, relatando en su diario datos históricos y culturales de vida cotidiana de los lugares que visitó, entre ellos la ciudad de Pátzcuaro, de la que hizo un plano, a la manera de la época, que sin pretensiones técnicas ó científicas, es el documento gráfico colonial más antiguo de la ciudad que hasta ahora tenemos y es poco conocido.
Además, en su diario nos relata datos valiosos y curiosos de la historia de Pátzcuaro que plasman su visión e información histórico-religiosa que le fueron proporcionada por varios locales con autoridad confiable, [como Don Francisco Xavier Vargas “ varón de venerable ancianidad y erudición exquisita, cura de esta ciudad” así como varias monjas dominicas, sacerdotes jesuitas, y militares como el señor Don Jerónimo de Zuluaga, Teniente de Alcalde Mayor y Administrador de las Reales Minas de Cobre, quién lo recibió y alojó en su casa con especiales prendas, ya que era conocido como primo de don Gabriel Zuloaga, Conde de Torrealta].
Primero cuenta que llegó muy rendido a Pátzcuaro y habla de que “la entrada es tan penosa y la calzada tan desigual y larga” hablando del camino real. Habla del clima frío de Pátzcuaro, y fue informado de que se así se llama la ciudad porque en lengua tarasca significa “lugar de lutos”, y solo supone el motivo, sin mayor fundamento. Observa que la ciudad tiene lomeríos, pero que fue fundada en “ una corta llanura” quizá refiriéndose a la Plaza Mayor. Luego describe el agua del manantial escribiendo que “se goza de una agua milagrosa y de las más cristalinas y delicadas de la América”, relatando el milagro de Don Vasco de haberla hecho brotar con su báculo, así como de la piedra blanca en donde cae su nacimiento, que “es tradición que esa piedra es una ara consagrada”.. y que de su agua que “ corre esta fuente por medio de la ciudad, alegrándola toda con su diafanidad y hermosura”.
Describe que la ciudad tiene muy buenas casas, “cubiertas con techos y tejas como en la Europa”. Y que es país muy ameno; “abunda de flores, frutos y frutas; las montañas que la rodean se miran siempre vestidas de hermosa lozanía y verdor, con tantos árboles y de tan crecida magnitud, que deleita mucho la vista…. Tiene suficiente ramo de comercio en cobres, azúcar y otros frutos peculiares del país, como también en las mercancías y géneros que vienen de la Europa. Aquí fabricaban los indios aquellas pinturas famosas de pluma, sin entrar otro color y barníz… He visto algunas pinturas de gran primor y lustre. Ya han olvidado este ejercicio, pero no el de pintar bateas maqueadas o acharoladas. Hoy florece un célebre pintor, indio noble, llamado don José Manuel de la Cerda, que ha perfeccionado mucho esta facultad, de suerte que excede en primor y lustre a los maques de la China. Vi una docena de bateas grandes de fresno que estaba pintando para la excelentísima señora Marquesa de Cruilles, Virreina de Méjico, dignas de la persona de tan elevado carácter”.
Luego relata y describe que sobre el camino real que viene de Valladolid, se encuentra una gran calzada muy ancha, “ toda de piedra, y lo primero que se descubre por este rumbo es una capilla, en que se venera una imagen de piedra de Cristo crucificado. Es fábrica muy antigua y por todas sus circunstancias respetabilísimas. En la piedra que sirve de peana al crucifijo, por la parte que hace frente, están grabadas con mucho primor las insignias de la Pasión y un rótulo de letra muy clara y perfecta que dice: Redemptoris mundi arma. Al lado derecho de la misma peana se lee la inscripción siguiente: “ Hízose éste humilladero en el año de 1557, por mandato del ilustre y reverendísimo señor don Vasco de Quiroga, primer obispo de esta ciudad y Provincia de Mechoacán, del Consejo de su Majestad, a gloria de Dios y Nuestra Señora”. Al lado siniestro se mira el grabado del escudo de armas que tiene la ciudad y se pintará abajo, que se compone de laguna con sus isletas y cinco líneas en figura de mano, representación de la Iglesia Catedral que se comenzó a fabricar en tiempo del venerable señor “,
Continúa describiendo que “ Llaman a esta iglesia Humilladero porque, según me refirió el doctor don Francisco Javier de Vargas,…que había visto y leído un instrumento antiguo, en idioma tarasco, que decía haberse aparecido a los conquistadores en este mismo sitio en donde se fabricó la iglesia el glorioso Santiago Apóstol, patrón de las Españas, con muchos resplandores en forma de hermosísimo sol, dos horas antes de amanecer; con cuya novedad despertaron los nuestros esforzados y animosos, y los indios confusos y asustados; y luego, sin venir a las armas, se entregaron humildes y rendidos, y de aquí tomó el nombre este sitio, y fabricándose después la ermita, conservó la misma denominación, llamándose, como hoy se llama, El Humilladero.
Continúa describiendo a “La Iglesia parroquial esta en lo más elevado de la ciudad, en sitio por su naturaleza fragoso y áspero. En tiempo de la gentilidad adoraban en este mismo lugar el ídolo más famoso de la Provincia, y por eso el venerable señor Quiroga fundó aquí la Catedral, para que nuestro Dios verdadero fuese adorado, destruida la idolatría… este venerable obispo empezó la iglesia de Pátzcuaro, cuya idea era de cinco naves en figura de mano, según lo muestran los cimientos y basas que en el día permanecen, y si hubiera concluido, fuera la fábrica más insigne de la América; pero quedó todo en una sola nave, que es la que hoy sirve de parroquia, pero tan elevada y extendida que es la admiración de todos los arquitectos. Tiene dos caracoles para subir a las torres, de singularísima estructura. El uno tiene los cortes de las piedras tan nivelados, con una especie de cornisa por fuera, que es frecuente diversión de los muchachos indios asirse de la parte superior, y haciendo círculos, sin tropezar en nada, bajan hasta el suelo. El otro consiste en un elevado pilar con dos abanicos plegados al contrario, con que, sucede que subiendo juntas dos personas, bajan sin que una la vea a la otra, hablándose, y ahí van a salir por puertas distintas. De esta última arquitectura son los cuatro caracoles que tiene el Real Alcázar de Toledo, y no he visto otros en cuanto tengo andado. Por la disposición que hoy se mira en las dos torres, parece que la fábrica intentada había de tener cuatro torres al frente……
Ilustran la ciudad los conventos de Padres Observantes, San Agustín, San Juan de Dios y Jesuitas, cuyo colegio, aunque pobre, es el segundo que se fundó en la América; en su iglesia se venera una imagen de Santa María la Mayor, de Roma, que envió San Francisco de Borja siendo General. También están en ella las respetables cenizas del venerable e ilustrísimo señor Quiroga, cuya cabeza da a entender era de estatuirá corpulenta; lo mismo demuestra su báculo pastoral, y el retrato original, que está en la capilla mayor del referido colegio, demuestra la pintura que era muy moreno, o le tenían así sus afanes y celo apostólico con que andaba por los montes y breñas, buscando y convirtiendo a los indios….Yace también en el mismo colegio de Jesuitas, el venerable Hermano Pedro Caltontzi, nieto del rey Caltonzi, que con la sotana parda de Donado Jesuita vivió santamente en ejercicio de maestro de niños, hasta que la caridad con la que asistió a los enfermos en tiempo de una gravísima epidemia le quitó la vida; su retrato está en la escalera principal del colegio.
Hay también un seminario o colegio de estudios mayores y menores, con título de San Ignacio, cuyo gobierno está bajo la dirección de los Jesuitas.
Es famoso en convento de monjas Dominicas con advocación de Santa Catalina, por la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Salud, que a esfuerzos de infinitos prodigios, colocó el venerable Hermano Francisco Lerín, natural de Sevilla. La historia de esta sacratísima imagen imprimió el Padre Pedro Sarmiento, Jesuita. Es grande la devoción que en toda la Provincia de Mechoacán tienen a esta divina imagen, publicándose cada día más famosa por los repetidos prodigios y milagros que continuamente está obrando. Ha sido no pocas veces de que se ha tomado testimonio auténtico. Poco ha que taladrando la cabeza de la santa imagen para fijar una corona, sudó copiosísimamente, siendo muchos testigos que depusieron el caso con juramento. Y la Madre María Inés, amadora de Jesús, Maestra de novicias de dicho convento, que se halló presente, me lo refirió. La iglesia es hermosa y muy alahada; hay una campana, no muy grande, con virtud especial para tempestades.”
[ Tomado de: Archivo Documental Español, publicado por la Real Academia de la Historia, tomo XII, pags. 218-228; “Diario del viaje que por orden de la sagrada Congregación de Propaganda Fide, hizo a la América Septentrional, en el Siglo XVIII, el P. Fray Francisco de Ajofrín, capuchiino”. Edición y prologo de Vicente Castañeda y Alcover, Vol I, Madrid MCMLVIII. Imprenta y Editorial Maestre, Norte 25. Madrid.]